31 de Agosto otra vez...
Hoy hace cuatro años que empezamos.
Y podría escribir sobre todo lo que hemos vivido, sobre las cosas buenas, sobre las malas, sobre aquella etapa en la que pensé que no íbamos a salir adelante o sobre todas las veces que hemos conseguido volver a encontrarnos.
Pero hoy me apetece hablar de otra cosa.
De algo que he tardado bastante en entender.
Durante mucho tiempo pensé que cuando encontrabas a alguien que te quería de verdad, que te cuidaba, que te sostenía cuando estabas mal y con quien tenías una relación estable, el resto de tu vida empezaba a colocarse sola.
Como si tener a alguien al lado pudiera hacer que todo lo demás pesara un poco menos.
Y quizá porque nunca había tenido una relación como esta, me lo creí.
Pensaba que si yo estaba bien contigo, de alguna manera acabaría estando bien conmigo.
Que si tenía una persona que me quisiera, que me escuchara, que estuviera ahí y que no hiciera de mi vida otro problema más, entonces las cosas que llevaba dentro terminarían desapareciendo poco a poco.
Qué equivocada estaba.
Porque puedes tener al lado a una persona que te adora y seguir estando rota por dentro. Puedes sentirte querida y seguir teniendo miedo. Puedes tener una relación estable y seguir teniendo días en los que no puedes contigo misma. Puedes tener a alguien dispuesto a sostenerte y, aun así, seguir cayéndote. Y creo que eso es algo que he aprendido contigo, pero no porque tú me hayas cambiado. Sino porque contigo he tenido el tiempo y la estabilidad suficientes para darme cuenta de que el problema no estaba fuera. Estaba dentro de mí. Y eso, sinceramente, es bastante más incómodo. Porque es mucho más fácil pensar que cuando llegue la persona adecuada todo va a empezar a funcionar. Que el amor va a arreglarte. Que alguien va a llegar, va a entenderte, va a cuidarte y, de repente, todas esas cosas que llevas años arrastrando van a dejar de doler.
Pero no.
Tú puedes quererme muchísimo y no conseguir arreglar todo lo que llevo dentro. Y no porque no me des amor. Ni porque no hagas suficiente. Simplemente porque no te corresponde. Hay cosas que son mías. Mis miedos. Mis inseguridades. Mi forma de pensar demasiado. Mis heridas. Mis cicatrices. Mis días malos. Mi manía de hacerme daño a mí misma con pensamientos que no me aportan nada bueno.
Y durante mucho tiempo pensé que si tenía a alguien que me sostuviera, eso acabaría desapareciendo. Ahora entiendo que no. Que puedes sostenerme cuando me caigo, pero no puedes caminar por mí. Puedes estar conmigo cuando estoy en un mal momento, pero no puedes vivir ese proceso por mí. Puedes hacerme sentir querida, pero no puedes conseguir que yo me quiera bien todos los días.
Creo que esta es una de las cosas más importantes que he aprendido estos cuatro años. También porque nunca había tenido una relación tan estable como para verlo de verdad. Antes quizá pensaba que una pareja era ese lugar al que llegar cuando todo iba mal. Ahora sé que no. O, al menos, no quiero que sea eso. No quiero que tú seas el lugar donde escondo todo lo que no sé resolver. No quiero que tengas que salvarme de mí misma. No quiero que nuestra relación tenga que cargar con mis mierdas.
Quiero que seas mi compañero. La persona con la que pueda compartir lo bueno y lo malo. La que me calme cuando estoy hecha un desastre. La que me recuerde que quizá estoy pensando demasiado. La que me diga que me quiere cincuenta veces al día aunque yo sea bastante mala para decírtelo a ti.
Y sí, hay una cosa que todavía me hace gracia. Yo nunca fui de decir “te amo”. Me parecía demasiado cursi. Aún me lo parece... Con mis anteriores parejas nunca me salió. Les quería, pero esa palabra no era para mí. Y contigo sí. Te amo. Todavía me parece cursi, pero contigo me sale. Supongo que hay cosas que no necesitan demasiada explicación. También somos completamente diferentes.
Yo soy la tormenta.
Tú eres la calma.
Y me hace gracia porque tú tienes hiperactividad y TDAH y probablemente no seas precisamente la definición de tranquilidad para el resto del mundo. Pero para mí lo eres. Yo puedo estar dándole ochenta mil vueltas a algo y tú conseguir que, por un momento, deje de hacerlo. No porque soluciones el problema. Simplemente porque estás. Y sé que esa es la clase de persona que quiero. No alguien que me arregle. Alguien que esté mientras yo intento arreglarme. Porque ahora sé que una relación no debería ser tu salvación. Debería ser un lugar donde dos personas puedan crecer sin tener que convertirse en la solución de la otra.
Y quizá por eso, después de cuatro años, puedo mirar nuestra relación y decir que no es perfecta. Ha habido momentos horribles. Momentos en los que pensé que no íbamos a salir. Momentos en los que nos hemos hecho daño y otros en los que hemos tenido que decidir si queríamos seguir intentándolo. Y aquí estamos.
No porque el amor haya solucionado mágicamente todo. Sino porque hemos seguido eligiendo estar. Y eso, para mí, tiene mucho más valor. Hay cosas que necesitan tiempo. Otras necesitan trabajo. Y algunas probablemente simplemente forman parte de mí. Y tú no tienes que arreglar ninguna de ellas.
Hoy, cuatro años después, creo que te veo de una forma mucho más real. No como la persona que vino a salvarme. Ni como alguien que tiene que hacerme feliz todo el tiempo. Sino como alguien que llegó a mi vida, primero como amigo, después como pareja, y que terminó convirtiéndose en una persona con la que quiero compartir todo esto. Mi parte bonita. Mi parte complicada. Mi calma. Mi tormenta. Lo que tengo resuelto. Y todo aquello que todavía estoy intentando resolver.
Porque quizá eso es lo que significa realmente tener una pareja. No que alguien venga a salvarte de todas tus mierdas. Sino encontrar a alguien con quien compartirlas sin que tenga que cargarlas por ti. Alguien que te acompañe mientras tú aprendes a sanarte.
Y después de cuatro años, creo que por fin entiendo la diferencia. Tú no me has arreglado. No era tu trabajo. Pero has estado ahí mientras yo aprendía que también tengo que hacerlo por mí. Y quizá eso sea mucho más bonito que cualquier historia en la que alguien llega y lo soluciona todo.
Porque esta vez no quiero que alguien me salve.
Quiero seguir aprendiendo a estar bien conmigo.
Y tenerte al lado mientras lo hago.
Te amo Á






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