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Tenía que ser así

8 oct
3 min de lectura

No llegaste tarde.


Aunque durante un tiempo yo sintiera que sí.


Porque hubo una época en la que te miraba y no terminaba de reconocerte. Y eso fue probablemente lo que más miedo me dio. No porque hubieras dejado de quererme, ni porque entre nosotros hubiera pasado algo que rompiera lo que éramos. Al contrario. Siempre nos habíamos llevado bien. Siempre habíamos sido nosotros. Y de repente parecías estar en otro sitio.


Yo no sabía qué estaba pasando dentro de ti.


Solo veía cómo te alejabas, cómo te encerrabas en ti mismo, cómo había días en los que parecía que estabas conmigo pero al mismo tiempo estabas a kilómetros de distancia.


Y yo tenía miedo.


Miedo de que aquello fuera el principio del final. De que un día te levantaras y decidieras que no podías más. De que te fueras.


Supongo que por eso hubo momentos en los que me preparé para perderte, incluso cuando todavía estabas ahí.


Ahora sé que tú también estabas perdido.


Que no estabas intentando alejarte de mí. Estabas intentando entenderte a ti mismo mientras todo lo demás se te venía encima. Que había miedos que no sabías ni cómo explicar y heridas que llevabas contigo desde mucho antes de que yo apareciera.


Y sé que hubo cosas que te hicieron sentir que estabas fallándome.


Cosas por las que todavía hoy te culpas.


Pero no fue así. Y aunque hubo cosas que me dolieron, también sé que no todo lo que salió mal estaba en tus manos.


Hay cosas que simplemente pasaron.


Y no quiero que sigas mirándolas como si hubieras tenido una forma de evitarlas y no hubieras sabido encontrarla.


Porque no.


No eras tú contra mí.


Éramos los dos intentando atravesar algo que ninguno de los dos sabía cómo atravesar.


Y, aun así, no te fuiste.


Seguramente tú no lo recuerdes así.


Yo sí.


Porque durante mucho tiempo tuve miedo de que te fueras.


Y no lo hiciste.


Te quedaste.


Incluso cuando estabas roto por dentro. Incluso cuando no sabías muy bien quién eras ni qué hacer con todo lo que estabas sintiendo.


Y ahora te miro y vuelvo a encontrar a la persona que conocía antes de todo aquello.


Pero también encuentro algo más.


Te veo preocuparte. Te veo tener miedo de no hacerlo suficientemente bien. Te veo exigirte demasiado. Te veo intentar dar lo mejor de ti incluso cuando dudas de ti mismo. Pero te aseguro que no lo puedes hacer mejor, es imposible.


Y entonces pienso en aquel momento en el que creías que ibas a equivocarte en todo.


Y pienso: si pudieras verte ahora...


Quizá entenderías que no eras aquel desastre que tú creías ser.


Quizá entenderías que aquella versión de ti que tanto miedo tenía no tiene nada que ver con la realidad.


Porque míranos ahora.


Después de todo.


Después de aquel momento en el que yo pensaba que podía perderte en cualquier momento.


Sigues aquí.


Y yo también.


No necesito borrar lo que pasó para querer lo que tenemos ahora. Tampoco necesito fingir que no me dolió aquella época. Me dolió. Muchísimo. Porque te quería y no entendía por qué, de repente, parecía que ya no sabía cómo llegar hasta ti.


Pero ahora puedo mirar hacia atrás y entender cosas que entonces no podía.


Y sobre todo puedo mirarte a ti.


Al de ahora.


Al de siempre.


Y sé que aquel miedo no tenía la última palabra.


Que no te fuiste.


Que no nos fuimos.


Y que, aunque tú sigas pensando a veces en todo lo que hiciste mal, yo también recuerdo todo lo que hiciste para quedarte.


Míranos ahora.




 
 
 

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