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Un año después...

7 oct
3 min de lectura

Hace un año también estaba mal.


Me acuerdo perfectamente de estar llorando por estas fechas. De sentir que las cosas no estaban bien, de darle vueltas a todo, de pensar que había motivos suficientes para sentirme así.


Y en ese momento eran motivos de verdad.


No lo estoy quitando valor.


Hace un año me sentía mal de verdad.


Pero ahora miro atrás y no puedo evitar pensar:


ojalá volver ahí.


Y me duele reconocerlo.


Porque hace un año tenía a Duna.


Estaba aquí.


Podía tocarla, verla, escucharla, saber que estaba bien.


Y ahora no está.


Y eso ya lo cambia todo.


Tampoco está Dumbo.


Y aunque parezca que no, todo suma.


Hace un año tampoco había pasado lo de diciembre.


Ese golpe que me rompió por dentro de una manera que no sabía que podían romperme.


Ese momento que hizo que todo cambiara.


Que me hizo perder algo que pensaba que era inquebrantable.


Que todavía estoy intentando recolocar.


Porque sí, poco a poco se va pasando.


O eso quiero creer.


Pero no deja de doler.


Nunca ha dejado de doler.


Y ahora, con todo eso encima, con todo lo que ha ido pasando después… miro hacia atrás y me doy cuenta de algo que me cuesta mucho aceptar:


no supe ver lo que tenía.


Estaba tan metida en mi mierda, en mis pensamientos, en lo mal que me sentía, que no fui capaz de ver que, dentro de todo eso, todavía había cosas que hacían que mi vida no estuviera tan rota como lo está ahora.


Y no lo vi.


No fui capaz.


Y no es que no tuviera motivos para estar mal.


Los tenía.


Pero ahora tengo otros.


Y pesan diferente.


Porque hay cosas que, cuando pasan, ya no tienen vuelta atrás.


No es lo mismo estar mal con todo en su sitio…


que estar mal después de haber perdido cosas que ya no van a volver.


Y eso es lo que más me duele cuando pienso en el año pasado.


Que daría todo por volver a ese momento.


Incluso sabiendo que en ese momento estaba mal.


Incluso sabiendo que lloraba.


Incluso sabiendo que sentía que no podía más.


Porque ahora sé que sí podía.


Que no estaba tan al límite como pensaba.


Que había cosas que sostenían mi vida y que yo no supe ver.


Y ahora que no están…


es cuando entiendo lo que eran.


Es muy fácil decir que hay que valorar lo que tienes.


Lo escuchas mil veces.


Pero no es tan fácil hacerlo cuando estás dentro.


Cuando estás mal, estás mal.


No te paras a pensar en todo lo demás.


No haces una lista mental de lo bueno para compensar lo malo.


Te ahogas en lo que sientes.


Y ya está.


Pero luego pasa el tiempo.


Y pasan cosas.


Y se tuerce todo un poco más.


Y entonces miras atrás y piensas:


no estaba tan mal como creía.


Y no sé si eso es justo o no.


Porque en ese momento sí dolía.


Pero ahora duele distinto.


Y duele más.


Y me da rabia.


Me da rabia no haber sabido aprovechar más.


No haber sido un poco más consciente.


No haberme permitido estar un poco mejor dentro de lo que tenía.


No haber mirado a mi alrededor y haber dicho:


vale, hay cosas que no están bien, pero hay otras que sí.


Porque ahora hay menos de esas cosas.


Y eso se nota.


Se nota en el vacío.


Se nota en los silencios.


Se nota en lo que falta.


Ahora estoy mal de verdad.


O quizá siempre lo he estado, pero ahora de otra manera.


Una que pesa más.


Una que no tiene arreglo fácil.


Una que viene con pérdidas, con decepciones, con cosas que ya han pasado y que no puedo cambiar.


Y aun así, supongo que dentro de un año miraré hacia ahora y pensaré otra cosa.


No lo sé.


No sé si dentro de un año diré que ahora tampoco estaba tan mal.


O si seguiré sintiendo lo mismo.


Pero hay algo que sí tengo claro ahora mismo:


que la vida puede torcerse más de lo que crees.


Y que muchas veces no te das cuenta de lo que tienes hasta que deja de estar.


Y ojalá no hiciera falta perder cosas para entenderlo.


Ojalá hubiera sabido verlo antes.


Pero no supe.


Y ahora lo único que puedo hacer es mirar todo lo que ha pasado, asumir que me ha cambiado y aprender, poco a poco, a vivir con ello.


Aunque haya días en los que solo me salga pensar:


ojalá volver un año atrás.




 
 
 

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