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El día que empecé a poner límites

23 ago
2 min de lectura

Siempre pensé que poner límites era algo egoísta.


Me habían enseñado que ser buena persona era estar siempre disponible. Ceder. Entender. Aguantar un poco más. Dar otra oportunidad. No molestar. No decepcionar a nadie.


Así que eso hice durante mucho tiempo.


Aprendí a callarme cosas que me dolían para evitar discusiones. A decir "no pasa nada" cuando sí pasaba. A aceptar actitudes que me hacían daño porque tenía miedo de que, si decía algo, la otra persona se enfadara o se fuera.


Hasta que un día me cansé.


No fue de repente. Fue el resultado de muchas decepciones, de muchas veces poniéndome en último lugar y de darme cuenta de que nadie iba a hacerlo por mí.


Empecé a decir "no".


Empecé a explicar lo que me hacía daño.


Empecé a dejar claro lo que ya no estaba dispuesta a aceptar.


Y entonces pasó algo que no esperaba.


Hubo personas que se enfadaron.


Algunas me dijeron que había cambiado. Otras me hicieron sentir culpable. Algunas dejaron de buscarme. Y otras intentaron convencerme de que estaba exagerando.


Fue ahí cuando entendí algo.


Muchas personas se sienten cómodas con la versión de ti que nunca pone límites. No porque te quieran más, sino porque esa versión nunca cuestiona nada, nunca incomoda y siempre está disponible.


Pero en cuanto empiezas a proteger tu paz, dejas de ser tan fácil de manejar.


Y eso no siempre gusta.


Durante un tiempo pensé que quizá tenían razón. Que me estaba volviendo fría. Que estaba alejando a la gente.


Después comprendí que poner límites no aleja a las personas adecuadas. Solo incomoda a quienes estaban acostumbrados a que siempre cedieras tú.


Poner límites no significa querer menos.


Significa empezar a quererte también a ti.


No es levantar un muro para que nadie entre. Es aprender a cerrar la puerta cuando alguien entra solo para hacer daño.


Y quizá la reacción de los demás diga mucho más de lo que esperaban recibir de ti que de la persona en la que te estás convirtiendo.


Porque quien de verdad te quiere puede sentirse sorprendido por un límite, incluso necesitar tiempo para entenderlo, pero no hará que te sientas culpable por cuidar de ti.


Desde que empecé a poner límites, he perdido personas.


Pero, por primera vez en mucho tiempo, también he dejado de perderme a mí.



 
 
 

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Mari SH
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